lunes, 6 de octubre de 2008


David Silva
Hugo Vásquez

En pocos días más los cuartos medios del CHA acudirán a la población La Victoria, en San José de Maipo, para contribuir con la reparación de 10 viviendas en mal estado. En ese contexto RE-acción quiso conversar con Sebastián Bowen, director social de Un Techo para Chile, quien con un vasto conocimiento del problema de la pobreza y los campamentos en nuestro país, tiene una mirada clara y decidida acerca del tema, acerca del rol que cumple su institución entre otros afines sobre los cuales quisimos indagar. Amablemente, nos recibe en las oficinas de “el Techo” en Departamental 440.

Sebastián, ¿cómo definirías tú el concepto de pobreza?

Para mi pobreza es cualquier situación o condición que no permita la realización del ser humano. Eso va desde no tener las oportunidades para poder desarrollarse como persona (intelectual, afectiva y socialmente) como también el no tener las condiciones materiales suficientes, tener bienes que me permitan aspirar a esas oportunidades. Implica, finalmente, estar marginado de esta sociedad.

¿Cual crees tú que es la característica más importante de la pobreza en Chile?

La marginación - responde tajantemente-. Lo que caracteriza a la pobreza es el estar privados de una serie de beneficios con los que nosotros contamos. Tú y yo ya no fuimos pobres. Por más que yo quisiera ser pobre, no podría gracias a todas mis redes sociales. Incluso podría vivir con diez "lucas" mensuales y operarme igual el día de mañana porque mi tío es médico. Con esas cosas son las que no cuentan los pobres, con las redes, los contactos. Es un círculo al cual no se les permite entrar, como te decía, porque están marginados y es eso lo que tenemos que entender como sociedad.

Entonces, ¿la integración sería la solución a la pobreza?

Efectivamente, integración es lo contrario a pobreza y es en gran medida parte de la solución, pero no lo es todo, pues debe ir acompañado de una serie de cosas como vencer el clasismo, no vernos a todos sólo como fuerza de trabajo o vivir en comunidad. Lo otro que es muy importante es tener confianza en las propias familias que viven en situación de pobreza y no pensar que la solución viene de afuera. Las soluciones tienen que venir de las propias familias y las tienen. Yo en lo personal y todos en Un Techo para Chile creemos que el ser humano tiene una dignidad intrínseca y busca desarrollarse, el problema es que les faltan las oportunidades y herramientas para conseguirlo y es eso lo que tenemos que facilitar.

En ese sentido, ¿podríamos decir que un Techo para Chile es un facilitador de esas oportunidades?

Claro. Un Techo para Chile es una serie de herramientas para las familias de los campamentos que ellos pueden utilizar. Somos una institución que acompaña a estas familias en su lucha.

¿Es esa su misión?

Sí, pero además pienso que parte de la misión es reivindicar a los jóvenes del país. Creo que históricamente ha existido una alianza entre los jóvenes y la pobreza que por momentos ha flaqueado y "el Techo" busca un poco eso, contribuir con esa alianza. Chile entero ha dado la oportunidad a muchos jóvenes de estudiar, por tanto es al Chile entero al que hay que devolverle la mano.

¿Y cuál crees tú que ha sido su gran logro?

Primero lo que te decía, movilizar a esa gran masa de jóvenes que esperaban la oportunidad de trabajar por los demás. Luego, el segundo gran logro creo que fue poner la situación de los campamentos como tema de país. No se hablaba de estos en Chile hasta el año 2000. Y, claro, hay otros logros que hablan de números como la cantidad de mediaguas que se han construido, el estar presente a lo largo de Chile y también en varios países de Latinoamérica (Un Techo para mi País), los 15.000 jóvenes voluntarios que movilizamos cada año o los 2.500 que semana a semana trabajan en los campamentos.

¿Crees que somos solidarios los chilenos?

Yo creo que sí, aunque al principio no estaba tan seguro, pero desde que trabajo aquí estoy convencido que Chile tiene un potencial para la Solidaridad gigantesco. A veces mal canalizado, pues se muestra que sólo aparece para las grandes campañas o desastres naturales, siendo que es más transversal. Yo sí creo que Chile es un país solidario y de hecho podríamos decir que es una especie de producto de exportación para compartir con nuestros vecinos, de ahí la importancia de Un Techo para mi País, según mi opinión. Ahora, el problema con la solidaridad es que a veces se entiende sólo como beneficencia y no sólo es eso, es también un bien común que va de la mano con la justicia.

¿Que le dirías a nuestros lectores, sobre todo jóvenes, en relación al compromiso social?

Que no sean "cagones". Que se la jueguen por entero por lograr sus sueños e ideales. Que, estando o no de acuerdo con lo que he dicho, se muevan y se comprometan con acciones concretas.

Ahora en octubre jóvenes de 4°medio del Colegio Hispano Americano van a reparar viviendas a San José de Maipo, ¿qué mensaje podrías transmitirles?

Sobre todo que compartan con las familias. Que no sólo hagan la pega, sino que se involucren y vean los detalles, ¿dónde están viviendo hoy día? ¿qué toman de desayuno? ¿cuáles son sus horarios de trabajo? Conocer la vida de las personas que están viviendo en esa casa y en base a eso llenarse de energía para tirar sus sueños hasta donde alcancen.


lunes, 29 de septiembre de 2008


Xenia Fuster Farfán
Ex alumna CHA 2007

Esa mañana tenía un sentimiento de ansiedad, eran los primeros pasos de algo que anhelaba fuera inolvidable. Junto con mis leales compañeros partimos esta marcha, la cual hace algunas semanas se murmuraba en los rincones del colegio.

Nos juntamos previamente en reuniones, para poder afinar los últimos detalles de la campaña. Lo recuerdo como si fuera ayer, 6 de agosto, mostramos al mundo lo que nos llevaba trabajando varios días. Los pasillos se llenaron del espíritu San José de Maipo 2007.



Con el equipo de trabajo, en las primeras semanas logramos avances monetarios impensados. Sí, me sentía, nos sentíamos, bastante satisfechos. A los alumnos y padres les llegó de buena manera el mensaje de nuestras ganas de ayuda para la reparación de esas casas, tenía la certeza que nos dirigíamos por un buen rumbo.

Pasaron los días de campaña y nos enteramos de una gran noticia: Cabía la posibilidad de incrementar el número de casas. Por eso pensamos que debíamos lanzar una campaña aún más fuerte y que llegase a los corazones de todos. Nació la idea que un pequeño grupo fuéramos a visitar la población La Victoria de San José de Maipo, con el fin de ver las casas y sacar la nueva publicidad.

Hacía bastante calor y recorrimos varias horas de casa en casa con la ayuda de "Pulgarcito", presidente de la junta de vecinos, que me doy la libertad de decir que era una gran persona con el poco tiempo que pude compartir con él. Más tarde, ya terminado todo, Don Pulgarcito nos invitó a comer unas galletas y nos contó cómo era su realidad hace años atrás. Quedé bastante impactada, las cosas habían cambiado mucho, y no necesariamente para beneficio de los vecinos. Disminuyó el comercio, el trabajo y las posibilidades de poder comunicarse y transportarse como todos merecemos. De vuelta a Santiago me fui pensativa, fue una de las pocas veces en mi vida que he sentido un grito de ayuda. Debía hacerlo, quería hacerlo.

Esta vez llegamos con más ganas, nos lanzamos con toda la publicidad: carteles, papelógrafos, videos, fotos, testimonios y hasta hicimos una mano gigante de espuma (símbolo de la campaña), para poder acercarnos de una manera cálida a los niños más pequeños.

Y así empieza la cuenta regresiva, nos quedaban ya semanas para irnos, y gracias a Dios contábamos con el apoyo de nuestros padres, profesores y de todos aquellos anónimos que aportaron con grandes donaciones de materiales, ropas y alimentos.

El jueves 27 de septiembre ya se estaba acabando, las comisiones ya no existían, los cuartos fuimos un todo, y preparamos los últimos detalles para nuestra partida la mañana siguiente. Llegamos a la fecha, viernes 28, y los nervios me provocaban dolor de estómago, no podía creerlo, estábamos ahí, todos, expectantes y ansiosos. Recuerdo que esa mañana rezamos junto con los ex alumnos que fueron de apoyo, para que Dios nos diera fuerzas en este nuevo y gran desafío.

Llegamos, y todo transcurrió ordenadamente hermoso. Los grupos de trabajo estaban en sus casas designadas y con el paso de las horas se sentían martillazos de amor e ilusión.

Terminamos cansados y un poco adoloridos, pero que mas da. Tengo la confianza que nadie podrá olvidarlo, yo no podré olvidarlo, ver esas caras de felicidad que tenían los dueños de casa es un lujo impagable.
Me despedí con la seguridad de un hasta pronto. Espero haber marcado una huella y que cada año esta tradición crezca con más fuerza. Confío que esto será así.



Nuestra columna de opinión "Verde o Maduro" quiso indagar acerca de qué opinan adultos y jóvenes al respecto.

Escribe tu comentario y opina acerca de si la solidaridad es más afín con la caridad o con la justicia tal como lo hicieron Rafael Cuadra y Viviana Cuadra en nuestro número de septiembre/octubre.

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