martes, 1 de abril de 2008

Hugo Vásquez V.

Año a año quienes participamos en alguna obra escolapia nos preguntamos si nosotros y nuestra institución respondemos realmente a las necesidades sociales que, como cristianos y seguidores de Calasanz, debemos asumir, y si efectivamente educamos en ello. Probablemente, la respuesta sea variable según la exigencia con la cual se conteste.

En 1995 la Congregación General elaboró el documento “La misión de las Escuelas Pías en la nueva evangelización” que aborda los temas sobre los cuales los escolapios, religiosos y laicos, debieran trabajar frente a los nuevos tiempos, incluyendo la acción social y la educación en ella.

Tiempos post modernos.

“Hoy casi todo se vuelve relativo y subjetivo, tanto en lo personal como lo social. De ahí nacen las fragmentaciones en moral, religión, valores, visión de la vida… es la Postmodernidad” señala el documento. De ahí que el contexto histórico actual complique lo que en algún momento fue evidente. Si miramos las obras escolapias en Chile, y aún con más detención en nuestra capital, vemos que luchan constantemente entre lo que la economía dicta por un lado y el carisma escolapio por otro. No es raro, entonces, concordar en que muchas veces no damos espacios para poner el servicio y la solidaridad antes que las metas y resultados, la imagen o quién sabe cuánta cosa que hemos declarado “importante”.

Nuestra misión nos aboca a las fronteras.

Ahora bien, si es que pretendemos educar en solidaridad, esta educación no se puede quedar dentro de la sala de clases, pues “nuestra misión nos aboca a las fronteras: allí donde el ser humano se deshumaniza…”. Es necesario que nuestras Obras estén abiertas al entorno, donde hay injusticias, dolor y necesidad. En primer lugar, por nuestra inexcusable responsabilidad con los más golpeados por la sociedad y, luego, porque es ahí donde se forma el sentido social y el afán de justicia. El educador debe ser, fundamentalmente, testigo de lo que transmite.

Formando personas.

“La escuela y la familia escolapia son el centro de la formación de nuestros jóvenes, buscando generar nuevos modelos de persona que contribuyan a configurar la sociedad, en base a la justicia, la dignidad humana, el respeto y el servicio” asegura el texto, pero también alerta sobre la dificultad de lograrlo si es que en las mismas familias y escuela no se vive un ambiente consecuente.

Somos nosotros, los educadores quienes, antes que todo, debemos asumir el servicio y la preocupación por los más pobres como parte de nuestra vida, mostrando a los niños la felicidad en ello.

De una vez por todas.

No podemos conformarnos con lo que hacemos, pues todavía estamos lejos de lo suficiente. De una vez por todas tenemos que elegir y concretar el camino a seguir en nuestras instituciones. Preguntarnos qué haría hoy Calasanz y cómo nosotros podemos imitarlo. Ya es hora de asumir la responsabilidad social como uno de los fundamentos de nuestro mensaje y no sólo como una anécdota en el calendario.

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